Lo que me quedó por decirle

Cuando intentaba imaginarme como me sentiría al morir mi padre o mi madre una sensación de desasosiego me invadía lentamente, como una pequeña marea negra expandiéndose desde la boca de mi estómago hacia el resto de mi ser. Un sentimiento de que podía irse con muchos malentendidos, sentimientos confundidos u omitidos; y que nunca habría posibilidad para enmendar eso.

Y es que, tal y como confesé en la pequeña elegía que leí durante el funeral de mi padre, las relaciones entre él y yo nunca fueron ideales. Quizá no fuesen tampoco nada fuera de lo común, no pretendo dramatizar tampoco mi convivencia con él. Seguramente eran las tensiones normales entre un padre ligeramente chapado a la antigua, y un hijo ligeramente rebelde y desafiante. Lo que sí es cierto, es que yo no estaba en paz con la situación.

Últimamente pensaba mucho menos en estas tesituras. Y es que de un tiempo a esta parte, la relación con mis padres había mejorado, mucho. Quizá porque nos veíamos una vez por semana, quizá porque tanto ellos como yo habíamos aprendido a comprendernos unos a otros, lo cierto es que ya no sentía esa intriga interior. Había paz en mi relación con ellos; a pesar de que yo seguía mi propio camino, que quizá ellos no creyeran el más adecuado; y a pesar de que ellos no habían cambiado un ápice en su forma de ser, cosa que a mí había dejado de preocuparme.

Unas semanas antes de que mi padre falleciera, fui a visitarlos a su apartamento en Segur de Calafell. Una de esas visitas aprovechando que yo iba a ir a bailar a un lugar cercano. Para que no se quejen de que con tanto follón, cada vez nos vemos menos. Esa noche, mi padre, como siempre en su afán de ser el gran patriarca, nos invitó a Alba y a mí a cenar en un restaurante cercano. Ya hace bastante tiempo que no necesito que me pague las cenas a las que asisto con ellos, pero eso le hace sentirse feliz.

En el camino al restaurante, nos encontramos un matrimonio, íntimos amigos de mis padres, que me hicieron la broma pertinente sobre el radical peinado – con una imponente cresta – que llevaba, y los frecuentes cambios de estilo. Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo mucho que se había acostumbrado mi padre al hijo que tenía. Ni recordaba lo feo que tenía que parecer mi peinado a sus ojos, no hizo la más mínima referencia a ello.

Aún más, durante la cena, cuando como siempre últimamente, tenía una conversación de igual a igual con mi padre sobre política, sociedad, economía… llego un momento en que me di cuenta de que, al final, la relación con mi padre era estupenda. Me aceptaba tal y como era, y yo a él. Ya no me aleccionaba, sino que me daba su parecer, y aceptaba el mío como las opiniones de un igual.

Me fui a Mallorca a pasar unos días, y casi cada día tuve una llamada de mi padre para ver que tal iba todo. Parecía que sabía que algo iba mal; pensándolo bien, seguramente lo sabía pero no dijo nada nadie. La última llamada que recibí de él fue la noche antes de su muerte. “Algo le pasaba a mi padre, estaba más serio de lo normal”, le dije a Alba al colgar. Me quedé con el gusanillo de haberle preguntado si le pasaba algo, pero al fin y al cabo le había preguntado que tal iba todo, y me había contestado que bien.

La mañana siguiente, temprano, mi padre murió. Un paro cardíaco fulminante se lo llevó sin aviso nada más levantarse de la cama para ir a disfrutar de uno de los pocos días de vacaciones que le quedaban antes de volver al trabajo. Cuando me llegó la noticia de que había fallecido ya estaba camino de Barcelona, puesto que me habían dicho que había sufrido un ataque pero que estaba estable; aunque ya me temía lo peor antes de que mi cuñado me lo confirmara. Para cuando la confirmación llegó, ya había pensado en todo lo que tenía pendiente que decirle, si por suerte aún lo encontraba con vida.

Pero no fue posible volver a hablar con él. Así que me quedé con algunas cosas por decirle, pero en el fondo no tiene importancia. Porque lo que me quedó por decirle fue, en definitiva, que todo aquello que a ambos nos costaba decirnos el uno al otro, no hacía falta decirlo, porque ambos sabíamos que era así. Nos respetábamos, nos admirábamos, pero más importante aún, nos queríamos.

Los hechos habían tomado el lugar de las palabras.

5 comentarios

  • Ante todo lo siento mucho por la muerte de tu padre…me ha gustado mucho leer tus palabras sentimentales de ti y tu padre…y estoy super segura q él sabia perfectamente tus sentimientos hacia el…a veces no lo demostramos, y nosé porqué. A lo mejor por propio orgullo, nosé…a veces es dificil hacer un simple abrazo….que ya ves…con mi madre nos abrazamos amenudo, es increible la sensación y energia que se transmite…en cambio con mi padre y hermanos me resulta mas dificil..y nosé porque…los quiero mucho.
    Bueno wapo..muchos animos y nos vemos este viernes en zouk…no te puedes imaginar la propaganda que estoy dando para que se apunte mas gente…parezco un disco rallado:-)

  • Gracias por los ánimos y el comentario.

  • Belén Segovia dijo:

    Antonio, estoy un poco avergonzada por haber leído tu blog, donde has escrito algo tan privado y tan íntimo. Sin embargo, si tú has querido compartirlo, tendrás tus razones… A la vez pensaba que yo no te conozco lo suficiente para robar tus sentimientos…tan sólo hemos bailado…pero, aunque al principio lo pensé, no podía pasar de soslayo sin dejate un comentario.
    Estoy segura, a pesar de los desencuentros, de que tu padre sabía lo que sentías por él…aunque te costara expresarlo. Sabía de la persona que eras y, sin duda, estaba orgulloso de tí. Y, estoy segura también de que no importa lo que crees que te quedó por decirle. Creo firmemente, que cuando uno pierde a alguien muy querido, solo importa lo que sientes, y el recuedo que le mantiene vivo en los que le quereis.

    Me encanta tu sensibilidad…y como escribes. Espero que sigas haciéndolo… y me permitas colarme aquí para disfrutarlo…Gracias

  • Muchas gracias a ti por tomarte el tiempo de expresar lo que has sentido.

  • Hola Antonio, que decirte….tantas cosas y nada al mismo tiempo… en primer lugar, mi mas sentido pésame por el fallecimiento de tu padre. Mi padre, hace nos años, sufrió un Ictus, y yo, iba de camino a Bilbao cuando recibí la llamada de mi hermana diciéndome: al papa le ha dado una embolia, tenéis que venir… en Zaragoza, paramos y rápidamente, tomamos un autobús de vuelta a Barcelona… imagínate el viaje…. el mas largo de mi vida…en el camino, la verdad es que también me vino el pensamiento, de que si mi padre fallecia y no me daba tiempo de llegar, me iban a quedar demasiadas cosas que decirle…gracias a dios ( o a quien quiera que sea ) mi padre después de estar 10 dias en la UVI, salió del riesgo y se fue recuperando poco a poco…
    A día de hoy, el está bien..La cosa es que cuando pasan cosas asi, meditas y te das cuenta, que tienes que decir y exoresar o que sientes a las personas que quieres, porque nunca sabes lo que puede pasar…un te quiero, un beso, un abrazo… es gratis y cuanto nos cuesta a veces!!!!! Yo siempre he sido una persona que me ha costado mucho demostrar mis sentimientos a mis padres y hermanos, y es curioso porque con las amistades, no me cuesta nada… supongo que es porque das por supuesto, que como son tus padres y hermanos, ya lo saben pero a veces, hay que gritarlo y demostrarlo pero no te preocupes, porque aunque no te diera tiempo de decirle, el, estoy segura, que lo sabía y que sigue sabiendo……
    Espero que no te moleste que te haya escrito.
    Un besazo y un abrazo ;-)

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