Ante todo quiero pediros disculpas. Mi padre era un hombre con algunos defectos, y yo los he heredado todos, además de agregar alguno más de mi cosecha. Entre ellos, he heredado uno que puede que haga que me cueste leer todo lo que tengo previsto: Mi padre era un hombre de lágrima muy fácil, y de tal palo, tal astilla.
Yo quiero hablaros de quién ha sido y quién es mi padre para mí. Como muchos hijos, yo he sido algo duro de llevar para mis padres, y he chocado mucho con él; sobretodo antes de salir a vivir la vida por mi cuenta, cuando tenía que regirme por sus reglas en casa. Al fin y al cabo, dichas reglas nunca fueron más allá de lo realmente razonable, y no debería haber tenido mucha queja. Pero es lo que tiene que te salga un hijo tan cabezón como tú. Y cuando digo cabezón, hablo tanto de tozudez, como de talla de sombrero… Otra cosa que he heredado de mi padre es este enorme melón.
Mi padre siempre fue un hombre de Ideales, con I mayúscula, y nunca los traicionó, a pesar de que sus referentes muchas veces lo decepcionaran. Una de las primeras lecciones que me enseñó mi padre para el resto de la vida, fue la Integridad. Mi padre era un hombre implicado en el desarrollo de su barrio, a través de asociaciones. Un soñador que no se conformaba con vivir donde le tocaba, sino que quiso mejorar su ciudad para su familia y vecinos. Y en su ansia de crear un lugar mejor en el que sus hijos, y el resto de niños pudieran jugar y crecer, él bautizó a la plaza que consiguió llevar a su barrio “La Plaza de la Libertad”.
Su gran trabajo, su determinación, su inteligencia, y, por qué no decirlo, su afinidad de ideales, le trajeron varias ofertas para ingresar en el partido socialista y conseguir un puesto de regidor municipal; y aquí llegó la lección. Cuando le pregunté por qué rechazaba un puesto desde el que trabajar con algo más de poder me contestó: “les pregunté que si, cuando hubiese que votar una decisión, podría votar lo que yo creía; o, aunque yo estuviese en contra, siempre tendría que votar lo que dijese el partido. Me dijeron que siempre lo que diga el partido, y eso no lo considero honrado.”
Mi padre, aparte de amar la ciudad y la tierra en la que vivía, en la que nacieron sus hijos, y en la que trabajaba; fue un amante eterno de su tierra natal: Andalucía. Y gracias a ese amor, a su esfuerzo, y al de unos cuantos compañeros como mi tío Manolo, muchos otros andaluces pudieron celebrar su añoranza de Andalucía en el amor por Cataluña. Pero ay de mí, oveja negra de la familia, que a mí eso de tanta rumba y sevillanas nunca me llamó. Lo mío iba más de pelos largos, guitarras eléctricas, y conciertos de heavy metal; el flamenco se me atragantaba… hasta que algo más mayor revisité algunos de los discos que mi padre escuchaba y pensé: um, vamos a darle otra oportunidad al flamenco.
Hoy día puedo escuchar emocionado una canción de vikingos surcando los mares cantada por Manowar, y seguidamente oir con la carne de gallina como Triana le pide a una niña que abra la puerta. Yo había encontrado por mi lado buena música. Pero ya en mis veintimuchos, tuve que reconocer que siempre había tenido otra buena música a mi alrededor creciendo, y como en otros muchos aspectos, no había sabido apreciar lo que me estaba ofreciendo mi padre.
Como me costó mucho apreciar la manera que él tenía de demostrar cariño. De mi padre también heredé una dificultad en expresar mis sentimientos con palabras de viva voz (dificultad que poco a poco creo que he logrado superar). A él en cambio, eso le costaba horrores. Un día de pelea, llorando, a mi padré le grité: “No me importa nada todo lo material que me puedas dar. En toda mi vida nunca me has dicho un ‘hijo, te quiero’”. Con lágrimas en los ojos, mi padre me abrazó. Me dijo que me quería, pero sin decirme las palabras “te quiero”. Nunca en toda su vida me las ha dicho, pero realmente no ha hecho falta. Él demostraba las cosas a su manera.
Siempre suelo contar una anécdota del día en que cumplí 30 años. Ese día estaba cenando en casa de mis padres, varios años llevaba ya viviendo fuera. Y en estas que mi padre dijo “Antonio…” y yo pensé: “buff, ¡charla paternal a estribor!”. Él continuó: “Antonio, tienes 30 años ya. ¿Qué piensas hijo?”. A lo que yo contesté: “pienso muchas cosas… ¿qué pienso de qué?”. “¡Cómo que de qué!” – exclamó él – “Tienes 30 años, vives en un piso de alquiler en la playa, trabajas desde casa, siempre para arriba y para abajo de fiesta, no se te conoce novia fija… me dicen que te hoy te ven con una, y mañana con otra… nada más que baile, no ahorras nada, y no tienes nada, lo único que tienes es un coche descapotable y lo que ganas todo para gasolina… pues eso… ¡que qué piensas!” Y yo burlonamente contesté: “pues que vaya vidorra, ¿no? ¡Genial!”. Cada vez más enfadado, él respondió: “¿y el día de mañana? ¿No piensas en el día de mañana?”. Medio en chanza medio en serio, pero buscando divertirme perversamente con su enojo, contesté: “No te preocupes papá, que el día de mañana está cubierto. Tengo medio piso en Canovelles, un cuarto de nave industrial en el polígono, un cuarto de apartamento en segur de calafell…”. Él me interrumpió: “¿Que estás, esperando a que me muera o qué?”. Entonces yo ya me puse serio y le dije: “No papá, ojalá vivas muchísimos años más, pero que estés tranquilo, que en el futuro, en la calle, no me quedaré”.
Esta anécdota que cuento como chascarrillo con mis amigos, nace de la profunda generosidad de mi padre. Él ha vivido toda su vida para nosotros, ha trabajado para que nada nos faltara, para proporcionarnos una seguridad que él tuvo que trabajarse. Para darnos unos estudios a los que él no accedió. Para darnos la mejor vida posible. Como podéis ver por lo que os he contado, consiguió su objetivo. Mi vida, la de mi hermana, y la de mi familia no podría ser mejor, y todo gracias al sudor y a las lágrimas de mis padres. Es más, aunque ese día me abroncara, yo sé a ciencia cierta que el muy bribón estaba orgulloso de la vida de playboy playero que su hijo, el treintañero que decidió hacerse bailarín ya de mayor, llevaba. Una vida que sin la seguridad que mi padre me ha ofrecido siempre, nunca habría podido llevar.
Quien me iba a decir que mi padre no iba a vivir esos tantos años más, ahora que por fin empezaba a pensar un poquito más en disfrutar él con su Lola, en su apartamento en la playa, viajando, con su barquito… disfrutando la vida. Pero bueno, sé que mi padre siempre va a estar con nosotros. Y digo sé, no digo creo. Todos los que me conocéis sabéis que yo no soy un hombre de religión ni creencias. La fe no va conmigo. Pero de mi lado está la falible pero muy confiable evidencia de la ciencia, para corroborar lo que afirmo: Mi padre siempre estará con nosotros; porque tanto mi hermana como yo, somos sangre de su sangre. La mitad de nuestro ser proviene del suyo, y no sólo en cuanto a genética, sino en cuanto a forma de ser. Cada vez más, me miro en un espejo imaginario descubriéndome en actitudes, prontos, enfados, o llantos más dignos de mi padre que de mí mismo. O eso me creía yo. Y es que de mi padre he heredado sus defectos, más los que ya os digo que he ido cosechando yo por méritos propios. Pero me conformo si he heredado también la mitad de la mitad de sus virtudes.
Mi padre era un empresario de izquierdas que se desvivía por sus trabajadores; un amigo entregado que daba lo que hiciese falta por sus amigos, un marido con sus cosillas, pero que quería a su Lola con locura, y el mejor padre que cualquier hijo podría desear.
Pero mi padre, por encima de todas las cosas, por encima de defectos y virtudes, era dos cosas: Era un buen hombre, y, como me dijo ayer su primo Juan, mi padre era un hombre bueno. Mi abuela emocionada ayer con todos vuestros ramos, sólo pudo decir: “Cuantas flores… si es que todos lo querían”. Y es cierto, todos lo queríamos.
Para acabar, quiero compartir con vosotros algo de lo bueno que he conseguido de la vida por mis propios medios. No es más que una canción de mi grupo de heavy metal favorito, Manowar. Una canción titulada “Father” (padre), de la que os recitaré brevemente la letra.
Padre
Cuando era pequeño
me llevaste de la mano
padre, debes saber
que finalmente todo está claro
Me enseñaste qué está bien y qué mal
me enseñaste como vivir
me diste el más grande regalo
que uno podría recibir.
Nunca me decepcionaste
Me hiciste fuerte
Cuando cometí errores
Cuando estuve equivocado
Algunos días reímos
otros días peleamos
de alguna manera sabías que pronto
yo diría que tú tenías la razón
Estás conmigo
en cada palabra que digo
en cada hora de cada día
en todo lo que hago
soy tan sólo un pedazo de ti
Viviste tu vida para nosotros
Ese era tu plan
Esas manos que nunca cogían
sino que siempre trabajaban
Las manos que nunca cogen
sólo pueden dar, y gracias a ti
yo sé como debo vivir
Padre, sólo una cosa más
Tú siempre lo supiste…
Cada palabra que me dijiste, fue verdad.
Te quiero Papá. Te quiero Mamá. Te quiero hermana. Te quiero yaya. Te quiero MUCHO papá.
Hola Antonio,
nadie se ha atrevido a hacer comentario a esta entrada supongo que porque es muy íntima.
Yo tampoco lo voy a hacer porque no hay nada que decir, tan solo que es una elegía preciosa por sincera y bien escrita. El amor tiene muchas vertientes y el familiar es de los más profundos.
Siento la pérdida de un tipo tan especial y espero que la tristeza se haya despejado ya de tu cielo.
Por otro lado…No encuentro en el invento del siglo ( el spotify , je ) la canción a la que haces referencia…
Espero disfrutes del concierto de Manowar, aquí en Mad ya no hay entradas más que de reventa a 250 pavazos, jaaaar
Besetes,
Sofía
P.S.: Me gustaría que supieras que he llegado a tu blog buscando a mi ex, se llama Antonio y le encanta Manowar.Casualidad maravillosa.
mi facebook por si quieres ser mi amiguito…
Fakebook Isapain
Cuánto lo siento… un abrazo.
Castellano manchego, 19 años. He llorado con tu página como el crío que soy. Muchas gracias Antonio.
Antonio!!
Hoy he visitado tu página web, sin saber que me iba a encontrar.
Ha sido una grata sorpresa, poder leer todo lo referente a tu padre y debo decir que admiro tu forma de expresar y desnudar tus sentimientos, que me ha encantado y también emocionado esa forma de expresar tu amor por él.
Muchas veces… bueno yo diría que casi siempre, padres e hijos tenemos sentimientos contradictorios, supongo que es normal, son dos generacione distintas y también en unos está la responsabilidad y en los otros las ganas de ser mayores a toda costa. No obstante el AMOR (con mayusculas) siempre está ahí latente , a veces cuesta entender pero el tiempo pone a todos en su sitio… a unos les llega el momento de aceptar a los hijos tal como son porque el amor es así… “incondicional” y a los otros, a los hijos, les llega ese momento en que la madurez hace reflexionar y entender o al menos aceptar. Te lo digo porque yo, estoy en los dos bandos, soy hija y madre. También he vivido el emfrentamiento con mi padre y por suerte nos llegó la reconciliación poco antes de que muriera y lo otro… ya sabes, siempre os digo….cuando tengais un hijo me entendereis.
Por último decirte que tu padre sabía y sabe lo mucho que le quieres, que la canción de MANOWAR aún sin saberlo, estuvo escrita para él y que….. (aunque sé que no crees en esto) tu padre esté donde esté sigue cuidando de tí.
Un beso
Rosa
Muchas gracias por tus palabras Rosa. Me alegro de que la sorpresa haya sido grata