Página 3, Lunes, 11 de Febrero de 2008 | Experiencias, Reflexiones
Leído 781 veces (desde 15 de Feb. de 2007)
En el momento en que hacemos relucir los dientes en violenta «sonrisa», es importante que seamos conscientes que ya no cabe la rendición. Si no estás dispuesto a «matar», mejor es que ni siquiera intentes intimidar, no será creíble. Cuando se ataca sin convicción, se acaba por perder. Es más, aún atacando totalmente convencido de ello, una vez el peligro queda conjurado, es probable que nos arrepintamos del daño que podamos haber causado. Pero no nos quedó más remedio.
No hay nada que de más miedo que una persona con total autocontrol, que en un momento dado se entregue al descontrol. No hay nada más terrorífico, que ver el cambio que se produce en su mirada, cuando la línea del horizonte de su paciencia se ve traspasada.
Dejar un comentario