Página 4, Miércoles, 10 de Octubre de 2007 | General
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Tras ello, habiéndole dado todo, uno se queda vacío. Ya no quedan ganas ni siquiera de enfadarse, apenas las mínimas fuerzas para mirar en dirección contraria y dar un paso. Y luego otro. Y después otro más, hasta que todo esto quede borroso en la distancia. A veces ataca la melancolía, recuerdos de algo que creía que existía, y de los que a veces dudo. Recuerdos de una historia que parecía maravillosa, y que lo hubiese sido si el miedo y la mentira no la hubiese roto.
Pero lo que más se echa de menos no son los grandes, bonitos y maravillosos momentos, sino esos pequeños instantes del día a día: Sentir como se desequilibraba mi moto por culpa de un movimiento inadecuado suyo, y girar mi cabeza para encontrarme a dos ojillos marrones mirándome con travesura y ternura a través del casco; o tener que colocar de nuevo todo mi armario, al encontrarme pantalones guardados en los sitios inverosímiles… pero lo único que podía hacer era sonreír al ver como tras mi pregunta ella torcía su pequeña boca… Un gesto que me descubro a mí imitando en los más inesperados momentos…
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