Página 3, Miércoles, 10 de Octubre de 2007 | General
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Una preocupación que no merece, pues no ha sido correspondida cuando yo he necesitado más la suya. Ella huyó a los patéticos brazos de alguien que no tiene la dignidad de ver que es un segundo plato, que no es suficientemente hombre para afrontar sus errores cara a cara, sin esconderse tras una falsa sonrisa pasota que no hace más que esconder su terror por tener que afrontar su ataque por la espalda. Por segunda vez, la misma traición.
Duele mucho. Duele aún más cuando ella, en tierna pero dura conversación, reconoce que no he hecho nada mal. Más aún, que no cree poder volver a vivir ni sentir cosas como las que yo le dí, ni siquiera ese tipejo a cuyos brazos vuelve a huir corriendo. Pero después de eso, siente la necesidad de justificarse, de defenderse atacando, de victimizarse.
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