Página 2, Martes, 18 de Septiembre de 2007 | General
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Y ella lo regó con su don para la esperanza. El invierno se hizo más cálido y acogedor. Poco a poco fue amoldando su alma para acurrucarla dentro a ella. Sentía su aliento en la cara y la felicidad, que tan utópica meses atrás se antojaba, empezó a parecer al alcance de su mano.
Pero de repente, esa suave lluvia dejó de brotar de amables y algodonosas nubes blancas, para caer inmisericordes desde negras portadoras de tormenta. El capricho juvenil de ella, y el dulce aletargamiento de él, se aliaron para que no supiera prever la borrasca. Sin aviso previo, el agua que era antes portadora de nueva vida, se la robó de nuevo de golpe, fría, calándole hasta los huesos. Se sumió en la oscuridad, congelándose en un infierno aterrador de traición.
Ella le robó el corazón, pero no supo cuidarlo. Se marchó dejándolo agonizante, su hogar arrasado, su pecho vacío. Ella era como el viento, caprichosa, y cambió de dirección sin previo aviso.
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