Como el viento

Ella llegó como el agua fresca y serena de una lluvia otoñal, regando las secas y áridas grietas de su corazón. Ella era como el viento que arrancó las hojas muertas de sus ramas, preparándolas para una nueva, verde, y florida primavera.

«¿No te da miedo su juventud?» – le preguntó con preocupación su amigo del alma. «¿Por qué habría de dármelo?» – repuso él – «He sufrido innumerables veces los traumas, prejuicios y miedos de mujeres mayores, mujeres de miedad. Ella insufla de nuevo aire fresco, olor a hierba fresca, inocencia, ilusión, y apetito de vida en mi alma. ¿Voy a dejarla escapar sólo porque yo nací demasiado pronto, o ella demasiado tarde? Su alma llena de ternura todas las esquinas desgastadas de mi maltrecho corazón. Ella es como el viento fresco en una somnolienta mañana».

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