La resistencia al cambio

El cambio cuesta, mucho. No es fácil descartar viejas costumbres, nos gustaría que las cosas permaneciesen siempre estables e inamovibles, cuando estamos en una situación que nos gusta.

Llevo tres años prácticamente trabajando desde casa. Al principio, es algo a lo que cuesta acostumbrarse. Exige una gran dosis de disciplina, otro tanto de esfuerzo, y mucho aguante frente al aislamiento social. Pero lo que más requiere es organización: organizarte de manera que sepas cuando estás trabajando y cuando no, para mantener tu salud mental a salvo, y poder desconectar cuando es debido.

Trabajar en casa tiene muchas ventajas, y muchas desventajas, pero como todo, llegas a acostumbrarte. Y durante un tiempo, me resistí a cambiar por la fuerza de la costumbre, a pesar de que sabía que debía hacerlo. Pero hace unos días, vencí la oposición al cambio que la naturaleza nos impone, y decidí que ya era hora de dar un nuevo giro a mi vida, a mejor, un paso adelante.

4 comentarios

  • Puedo crecer, madurar, mudar de piel, incluso puedo cambiar… pero… te llevo conmigo… en cada cambio… as pasado a formar parte de mi… no lo dudes…

    gracias por implicarte tanto en todo… y por dar importancia a estas cosas que ami me afectan e intentar vencerlas a mi lado…

    por esto y mucho más…

    Te llevo en mi piel

  • Yo creo que los mejores “errores” son aquellos que cometemos completamente conscientes de que queremos cometerlos.

    Creo que es hermoso demostrar que lo que todo el mundo puede pensar que es un “error” en realidad es tan sólo un camino para ser feliz.

    Y como me dijeron hace poco. “Seguir un camino marcado tan sólo sirve para llegar donde otros han llegado antes”.

    Un abrazo.

  • Los cambios son necesarios para evolucionar, sin ellos nos estancaríamos y seríamos meros espectadores de la vida que pasa ante nosotros, pero ¿no es más bonito participar en ella que sentarte a mirar? Un beso y suerte en tu nueva etapa.

  • Juanfra dijo:

    La verdad es que creo que todos nos hemos sentido alguna vez así. Como siempre, tus reflexiones siempre son acertadas.

    No se si viene al caso, pero en relación al concepto de Peter Pan, me he acordado de una posesía que me apetece compartir. Es la siguiente:

    “No quería aprender a ser mayor,
    me negaba a dormir sin mi chupete,
    por Navidad , cargado de juguetes
    llegaba desde Oriente el rey Melchor.

    Mi patria era un baúl en el desván,
    un loro que decía palabrotas,
    las aventuras del gato con botas,
    una peonza, un globo un antifaz.

    No había llegado la televisión,
    los chavales jugábamos al toro,
    el mar estaba lleno de tesoros
    en la panza de un viejo galeón.

    República feliz,
    sin lunes, sin acné,
    en la provincia de Nunca Jamás
    el día que cumplí
    catorce desperté
    del sueño de llamarme Peter Pan.

    La vida era una puerta sin abrir,
    los adultos hablaban en voz baja,
    la posguerra oxidaba las navajas
    y helaba en las botellas, el anís.

    A lomos de un Babieca de cartón
    llegué más lejos que cualquier jinete
    y di la vuelta al mundo en patinete
    sin ausentarme de mi habitación.

    Era un lujo pecar . El porvenir
    raptaba niños como el tío del saco.
    Por cada Ave Maria cinco tacos:
    pirula, caca, pedo, pis.

    República feliz.
    Las nubes eran mapas de algodón,
    no habían muerto los dioses todavía,
    el mundo era un limón
    y yo tenía
    prisa por estrenar el corazón.” (Letra: J. Sabina-P. Guerra. Sin más, y sin moralinas, simplemente es una manera de compartir. cada uno que lo digiera como lo entienda.

    Saludos a todos.

Deja un comentario

Tu email nunca será compartido con nadie.Los campos obligatorios están marcados con *