Página 4, Miércoles, 25 de Octubre de 2006 | General
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Como buen gordito que era, puede suponerse que el atiborrarse a comer diariamente en una dieta hipercalórica no me supondría excesivo sacrificio. Yo también lo creía en un principio. «El problema será aguantar las duras series de entrenamiento en el gimnasio y en el terreno de juego, la comida no será problema». Pero estaba muy equivocado: Seis comidas diarias (una dieta de más de 5000 kcal), más tres horas de gimnasio diarias, y otras seis o siete horas de entreno en el campo semanales; lo que menos duro se me hizo fue la parte del entreno. Había días en que no podía cenar, estaba lleno de comida hasta arriba, literalmente. El estómago no paraba en todo el día de trabajar, hasta el punto que cuando intentaba introducir la ración de pescado y verdura de la noche (que por otro lado era importantísimo no saltarse), no podía hacer más que tragar entre arcada y arcada. Algunas noches, guardaba la cena en el frigorífico para levantarme a las dos o las tres de la mañana, engullirlo, y al día siguiente, a las ocho, volver a empezar.
Dos años después de seguir ese régimen de entrenamiento y dieta (con los descansos necesarios para no destrozar mi sistema endocrino), ese Antonio gordito que todos conocían se habían convertido en una mole de 105 kg, con unos brazos, pectorales, y piernas tan grandes como lo era su estómago. Pero en la posición en que yo jugaba eso no era suficiente. En primer lugar, se requería aún más masa corporal para estar allí, en la línea, y yo ya estaba llegando a mi límite natural. Y como añadido, aquellos jugadores que ya tenían una masa considerable, rondando los 120 kg, estaban empezando a utilizar substancias químicas y ciclos hormonales para potenciar aún más su físico. Me encontré en una situación en que tenía que elegir, o me pasaba al "bando de las pastillas y la aguja", o cambiaba de posición (y por tanto de físico). La elección fue fácil de tomar: mi físico seguía sin gustarme (excesivo músculo, y una prominente barriga por encima de los abdominales); la rodilla, operada varios años antes, estaba pidiéndome una rebaja de peso desde hacía tiempo; y no digamos ya los pulmones, que no eran capaces de suministrar el oxígeno necesario a todos los músculos sin agotarse rápidamente. Pero llevar a cabo tal decisión, fue aún más duro que el camino que me había llevado hasta ese punto.
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» Comentario por Morgana
12 Noviembre - 2006 @ 15:52
Sé que tengo un problema, aunque gracias a quien sea ( menos a Dios ) no pasa ni por la bulimia ni por la anorexia.Simplemente tengo una visión distorsionada de mi cuerpo.
Sé lo que es pesar 70 Kg midiendo 1.66 y sé lo que es pesar 50 y aún así verme mal. La respuesta de esto mismo debería buscarla en la manera en cómo perdí estos 20 Kg, tú los perdiste sufriendo, yo también…pero hubiera preferido sufrir a tu manera.
Mi querido Antonio, sabes bien lo que fuiste para mí y lo que significas ahora, responderia por ti ante cualquier situación con los ojos vendados y las manos sobre las brasas si hiciera falta.
Gracias por descubrirme tantos momentos, tantas sensaciones y tantas verdades escondidas en este gran mundo de miedos, dudas y dolor.
” She was the wind carrying in all the troubles and fears…”
GRACIAS.
» Comentario por MartaKuti
26 Octubre - 2006 @ 20:08
Hola!
Yo también he pasado por las dos fases, de ser una niña rellenita a tener un físico atractivo según los cánones de hoy en día. Así que más o menos te puedo entender. Aunque lo mio fue por circunstancias muy distintas también lo pase bastante mal.
Besos!!!