En conclusión, el mejor festival de la penísula, en cuando a fama se refiere, ha sido de lo peorcito que recuerdo. Un desastre de organización, que merece la más tremenda de las ruinas, y que nadie vuelva nunca más a algo organizado por ellos. Estuvieron a punto, pero a puntito, de provocar un desastre que hoy podríamos estar viendo en los telediarios de medio mundo.
Festimad: no vengo más.
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