Página 2, Lunes, 30 de Mayo de 2005 | Sin categoría
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Pero lo peor de todo, el polvo. Los asistentes se ahogaban en una tormenta de polvo. Los más previsores, con mascarillas, otros como yo, con pañuelos tapando la nariz, conseguimos paliar los efectos, pero la sensación de ahogo y suciedad era horrible.
Otra de las excelentes ideas de la organización, aparte del cambio de localización del evento, fue el sistema de control de acceso al recinto: Una única puerta para acceder al reciento, en la que te ponían un sello fluorescente imborrable (que a mí me desapareció al día siguiente), y te daban una tarjeta con código de barras. La tarjeta, debías llevarla siempre contigo, porque para acceder a los conciertos, había otro control, aún cuando ya habías pasado el primero para acceder al recinto.
En resumen, colas interminables para el acceso, que se habrían evitado con una simple pulserita. El único objetivo que se me ocurre para las tarjetitas con código de barras, era el extraer algún tipo de estadística sobre los movimientos de la gente, pero es que esto tampoco creo que se hiciera, dado la desidia y descuido con que los controladores de acceso trabajaban.
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