Lo más inquietante es que el tipo ponía un clavel recién comprado en cada una de las tumbas que fotografiaba, y conocía la historia de cada uno de los allí enterrados de memoria. También tenía fotos de tumbas famosas, como Urruti, el portero ese de soccer del barça que la espiñó hace poco en la ronda de dalt.
Así que, llegando a Granollers, nos miró, con los ojos como vacíos, y dijo: – ¡Y ahora os toca posar para mí en vuestra tumba! -
Ah no, eso habría pasado en una peli de adolescentes americana, estilo Scream. No, la verdad es que el tipo nos dejó donde le indicamos, se despidió, y adiós muy buenas…Hay de todo en la viña el señor…
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