Página 2, Lunes, 22 de Abril de 2002 | General
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Tras una llamada al seguro para ver si me cubría el viaje de vuelta a Canovelles, subimos el coche a la grua y empredimos el viaje. Al principio, el tío, aunque algo cholo, parecía simpático. Me gustaba su forma chulesca de hablar, me estaba cayendo bien, a pesar de la peste a sudor rancio digna de taberna de puerto que desprendía.
Tras un rato de viaje, al "gruero" le dio por buscar algo en su mochila, de donde sacó un sobre de fotos. Acto seguido nos preguntó: - ¿Os gusta la fotografía? -, a lo que yo respondí: - Sí, claro -. El hombre ya nos había comentado que se consideraba un tipo raro, pero bueno, ¿quién no lo es?
Así que comentó que las fotos quizá nos parecieran extrañas. - Son fotos de tumbas -, comentó.Tanto Alicia como yo pensamos lo mismo: "Arqueología". Sí, sí, arqueología… una leche arqueología. Ese conductor de gruas, que estaba trabajando en eso para sacarse la carrera de psicología, y con un hijo portero de soccer para más señas, se dedicaba, desde hacía más de 23 años, a fotografiar tumbas y nichos por todos los cementerios a los que "gracias a su trabajo, podía llegar".
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